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Crimen sin castigo

Una semana ha pasado desde que cinco idiotas se descalzaran y quitaran el calzón para darse un baño en el jameo de los Jameos del Agua. Que se sepa, el crimen (claramente señalada su prohibición por los efectos perniciosos a una especie única en el mundo, el cangrejo ciego, que habita en el lago) ha quedado sin castigo en una variación del clásico de Dostoyeski: en efecto, los crímenes contra la naturaleza en Lanzarote salen prácticamente gratis.

En el caso que nos ocupa, 5 turistas por 12 euros la entrada, 60 euros. Ese ha sido el coste de la gracieta sin pizca de gracia. Es decir, que se sepa, no hay establecida una multa ante este o procederes parecidos: por ejemplo, tirar una monedita de 5, 10 o 50 céntimos al mismo jameo, también claramente señalado como acción prohibida, y que sin embargo cualquiera con dos ojos ve cómo florecen las moneditas en el fondo del jameo, desprendiendo el cobre que tan mal puede conllevarle al mismo cangrejo. Volveremos a ello, pero antes…

Salvo error de comprensión lectora por quien esto firma, en todas las informaciones leídas al respecto del suceso lamentable ningún periódico informó que el atentado no es la primera vez que acontece. No extraña, pues, que en estos tiempos de periodismo corta-pega nadie le haya preguntado al Consejero Delegado del Ente Público Empresarial Local que gestiona los Centros Turísticos, “oiga, Benji, ¿esto es la primera vez que ocurre?”. A ver qué respondía el joven.

Lo normal es que respondiera con la verdad por delante: “pues no, no es la primera vez…cada cierto tiempo, ocurre”. Así es, ni es la primera ni será la última vez que unos idiotas (como esos que tiran las moneditas al lago) se piensen “tampoco pasa nada” por darnos el bañito. Entre los cientos de miles de visitantes que respetan el lugar como lo que es, un canto a la naturaleza, siempre habrá un porcentaje ridículo de idiotas.

¿Qué hacer ante el idiotismo? Esta, aunque con otra palabras, era una de las preguntas a la que pretendía dar respuesta un reportaje televisivo de La Canaria. ¿Cómo actúan los trabajadores ante estos vándalos? Así, lanzada al aire, la cuestión merecería ser planteada si fuera una situación sobrevenida, paranormal, un rayo, un terremoto o algo así, algo que “no se podía saber”. Y sin embargo, recuerden, por increíble que parezca se sabe que puede ocurrir y salvo que haya un guardia de seguridad apostado cada metro y medio alrededor del jameo, frente al bárbaro poco se puede hacer.

Por supuesto (esto sí que se podía saber) los trabajadores de los Centros como la ciudadanía se manifiestan indignados, incrédulos y rabiosos. Tiene lógica, porque es lo que producen las imágenes de los papanatas entrando en el jameo. ¡Vaya cretinos descerebrados!

Poco más pueden hacer los trabajadores que aplicar el protocolo establecido, siempre y cuando exista, ante los casos de idiotismo. Dicho esto, y vamos al centro del asunto, ¿qué hace al respecto el señor Consejero? Pues esto según recogen las informaciones copy-paste:

“Sorprendido y tremendamente enfadado ante la falta de educación, de civismo y de respeto, a la obra de César Manrique”, señala Benjamín Perdomo

Consuela que el jovencito nos acompañe en el sentimiento, “tremendamente enfadado” (como para no estarlo), pero, ¿sorprendido? ¿En serio? ¿Podría informarnos del número de baños registrado en los últimos (digamos) 10-12 años en el mismo Jameo? Con el mismo proceder, descalzarse, quitarse el calzón, bañarse, los trabajadores gritando y expulsando a los energúmenos de turno. ¿Cuántos?

Y hasta ahí llega su enérgica reacción frente al desvarío de los cinco turistas franceses. Ni un “vamos a crear una ordenanza que establezcan multas cuantiosas frente a estos hechos”, “esto no va a ocurrir más nunca”, “pondremos carteles en 17 idiomas sobre la prohibición del baño y la multa mileurista en el caso de baño o de tirar monedas”, “vamos a instalar cámaras de vigilancia y no dejaremos pasar ni una”. La nada más absoluta. Crimen sin castigo.

Dos dudas razonables. Una: ¿cabe la posibilidad de que el ente público ese que gestiona Benji no pueda establecer multas porque no es dueño del suelo, es decir por una cuestión burocrática que lleva arrastrándose desde décadas? Segunda: sabido, como se sabe, que los idiotas leen la prensa, cuando aten cabos y sepan que saltarse la norma y atentar la naturaleza salga prácticamente gratis (recuerden, solo los expulsaron, ni multa, ni siquiera unas nalgadas en el auditorio), ¿cuánto tiempo pasará para un nuevo episodio vandálico?

Publicado enUncategorized

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