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¿Qué se debe?

Paseando por avenidas cuyas baldosas son uniformes (sin baches), parques cuyo firme no está resquebrajado, columpios con todos sus tornillos, patrimonio verdadero cuidado con esmero (y en uso), contenedores de basura en los que se podrían hacer unas sopas (el agua a presión parece que funciona), un árbol navideño que presume de figura y quiere que le iluminen todas las luces, la ría gris con sus traineras y la Concha con tres locos dándose a la crioterapia de bajo coste, un edificio emblemático que ha revolucionado la city (¿Se imaginan uno parecido en el Islote del Francés? Yo tampoco)…y lo más increíble de todo, con todo lo que fuma esa gente, ni una colilla en el suelo.

Pisando huevos, sin hacer mucho ruido, va uno tirando millas por esas ciudades que los 3% bajo cuerda han dejado deliciosamente impolutas. ¡Cómo ha cambiado este país! Y este caminar y caminar preguntándote “¿cuánto se debe?”

El provinciano actual es aquel que echa la mano a la cartera para pagar el paseo, preguntándose al mismo tiempo cómo puede ser que la ciudad que lo vio nacer nada de lo narrado acontece, más bien lo contrario. Por estar dispuesto uno se dispone a sugerir que amplíen el porcentaje bajo cuerda para sus quehaceres y campañitas…siempre y cuando los columpios tengan todos los tornillos.

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