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10 minutos

Absolutamente embelesada con las ocurrencias manriqueñas, la pobre se saltó las normas del museo y entró en nuestro hábitat. La tierna escena (no habrá sido la primera vez) aconteció un bonito día del pasado septiembre en la Casa-Museo de Haría del genial artista lanzaroteño y ciertamente tuvo su gracia: advertida por una de las guías que la sacó del limbo, se disculpaba mientras le subían los colores: enternecedor.

Ya sin la turista francesa, aunque no nos hubiese importado su compañía, en los jardines del museo, entre el aleteo de las palmeras, se oía a César. Sus palabras brotaban desde un lateral de esa terraza “kubriquiana”, ideada para darse al hedonismo y conectar con la naturaleza. Su verbo encendido de denuncia frente al desarrollismo desmedido, mutaba en defensa acalorada del proyecto diferenciado de Lanzarote (que lo hubo), y también en su visión del mundo, la vida…y la muerte.

A propósito de la pálida dama, Manrique la veía como parte de la vida, como un instante más, que rebrotaría bajo cualquier otra forma de vida para seguir sintiendo-admirando la inmensidad del Universo. La eternidad camuflada en un “carpediemista” de esos de verdad, de los que desean que a poder ser la muerte les coja bailando.

La isla que no te hace esperar 10 minutos

Resulta relativamente sencillo saber qué pensaría Manrique de la situación del embelesamiento de la turista y su colada. Si tu encuentro con la belleza debe ser cuidado con esmero, porque vas a conectar con una experiencia de art & nature única, ¿cómo es eso, cómo puede ocurrir que no exista la mínima temporalización entre unas visitas y otras? ¿Somos ciudadanos amantes de la belleza o sardinas a enlatar? ¿Tan difícil es espaciar el momento de entrada entre uno y otro grupo, digamos, ejem, 10 minutos?

Supongo que sí, que debe ser un follón, y que el horno no está para mucho gofio. La crisis ha sido antológica, como para arriesgar que vuelvan por donde han venido y no compren el ticket. Sin embargo, alguien tendrá que liderar el verdadero turismo premium. ¿Con qué cara vamos a exigirle a Timanfaya o a los Jameos del Agua que pongan fin a esas fotos vergonzantes de colas kilométricas en sus taquillas si no damos ejemplo?

A veces me cruzo con el Presidente de la Fundación César Manrique, José Juan Ramírez, en el paseo del colesterol, ahí los dos quemando grasas, uno en una dirección, y el otro en otra, y confieso que en más de una ocasión me dan ganas de meterlo en el coche y llevarlo a Haría para que vea y sienta esas colas (quiero creer que no son conscientes), y de paso escuche a Manrique y su carpe diem.

Camas 0: Dream is Over

Como en otros tantos asuntos que requieren del concurso de la entidad manriqueña, este de “hacer esperar” a la clientela se hace esperar. Lanzarote es esa isla Premium que te hace esperar cuando no debe (esperando un taxi en Guacimeta por ejemplo, Dios mío, menuda primera impresión del turisteo) y que se muestra incapaz de hacerte esperar cuando verdaderamente se necesita (a la entrada temporalizada de Timanfaya por ejemplo). Somos la contradicción hecha Premium.

Buena parte de las razones por las que en la práctica la Fundación esté missing (ni está, ni se le espera) se sirvió en bandeja dos días antes de esta experiencia en la Casa-Museo hariana cuando en una pizzería de Costa Teguise se deslizó el “Camas 0”. Colgado de un sueño, más de 20 años después, un buen amigo creía que aquel “Camas 0” era posible. Que la misma isla incapaz de insularizar el servicio de taxi a estas alturas de siglo y evite el dislate de las aglomeraciones aeroportuarias, se valía y se sobraba sola para “sacrificar” Playa Blanca a finales de siglo pasado. Lo que realmente es un misterio es que el buen amigo siga creyéndoselo, pero en fin, hay cosas peores.

Vencidos, calvos y tiesos

En efecto, hay cosas peores. Cruzarse de brazos y llevar cara de peo permanente por pensar que has perdido la batalla. Vencidos, calvos y tiesos, al decir sabinesco, viendo el mundo que nunca fue escapándosete de las manos mientras el actual se va definitivamente al garete por tu desidia.

Sorprende la lavada de manos imperial (Pilatos era un aprendiz) de los garantes de la obra y el pensamiento de Manrique. ¿Que qué estaría haciendo el hombre? Zarandearnos y obligándonos a mover el esqueleto para que el mundo realmente existente fuera el mejor posible.

10 minutos. 10 putos minutos.

Publicado enUncategorized