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¿No lo ves?

Este 14 de septiembre me he topado de bruces con el titular noticiable. Las pateras ya no llegan solo a la orilla escarpada y en plena noche, sino que arriban a playas y costas urbanas,  es decir, a espacios habitados y a ojos de cualquiera. 

En directo sin intermediación del 112, Cruz Roja o Emergencias del Cabildo, mientras pedía una caña más en una terraza cercana a la UNED de Arrecife, se asistía a los inmigrantes llegados en dos embarcaciones. Se veía con claridad a un grupo de espaldas cubiertas con mantas naranjas que computaban la quinta embarcación que hoy llegaba a Lanzarote. Nadie era ajeno a esa realidad en esa terraza, pero continuaba la normalidad de pedir comandas.

Dos mundos antagónicos, entre un muro portuario que asiste a personas desamparadas,  y una terraza de ocio en la que se habla de lo que podría definirse en comparación a esta crisis humanitaria como la  “pecata minuta” del primer mundo. Pero lo cierto, es que aquí nadie escapa de la sensación de incertidumbre, de la pérdida de poder adquisitivo, de falta de oportunidades para los jóvenes, de subida incontrolada del recibo de la luz, de alquileres e hipotecas abusivas. Los que vienen no tienen nada, pero  muchos de los que estamos en un mercado cada vez más reducido en posibilidades tampoco tenemos garantizado nada. 

Es en este contraste tan obvio es cuando se vislumbra con más facilidad y con menos teoría política que no es que estemos deshumanizados, sino que reconocidas con objetividad nuestras propias miserias, no podemos aplaudir la  llegada de quienes aspiran a tener una vida mejor sabiendo que les costará enormemente conseguir ese objetivo. Y que pasarán a depender de ese grupo tan heterogéneo y amplio de ‘vulnerables’.

Es más, los que gobiernan actualmente en el Cabildo (PP-PSOE y tres consejeros que no sé sabe si tienen partido a día de hoy) se llenan la boca esgrimiendo el argumentario de la sostenibilidad y la capacidad de carga turística insular ( paradójicamente criticando al que vienen a dejar beneficios), pero no se inmutan con los que llegan de la mano de mafias y con necesidad de sustento.

Las preguntas que a día de hoy hay que responder son: ¿uántos de los menores acogidos por el Cabildo después de cumplir 18 años tienen trabajo? ¿Qué programas de integración cultural y educativo (empezando por el lingüístico se les ofrece) para poder garantizar su cohesión social? ¿Cuánto cuesta un inmigrante en su llegada y cuánto en su acogida permanente como menor? ¿Qué porcentaje del presupuesto social insular se ha destinado a esta casuística?

La solidaridad parte de un término latino que se define en adjetivos como sólido, macizo, completo, entero. También añade la RAE términos como real y sin artificios. ¿Creen que estamos siendo solidarios acogiendo a inmigrantes en barracones, hoteles, naves industriales y albergues? No haciéndoles libres, sino retenidos. Computando su presencia como gasto público y no como inversión de futuro, porque realmente la acogida no se transforma en productividad ni en integración real.  La mayoría malvive y sigue siendo ese lastre social que el primer mundo acepta como parte de su amortización capitalista, pero que se hace más complejo de sostener para una sociedad muy sacudida por diversas crisis.

Los propios menores tutelados por el gobierno cuando cumplen 18 años no tienen regularizada su situación y eso les impide subsistir. No olvidemos que todos los que vienen, incluyendo a los menores, están siendo transportados por mafias y que cuando no encuentran una fórmula de amparo suficiente van a seguir buscando el subterfugio a sabiendas de su ilegalidad. Evidentemente, tienen la supervivencia interiorizada y actuarán en consecuencia si el contexto les sigue siendo desfavorable. Lógico y humano (quede claro).

En Lanzarote tenemos un gobierno PP-PSOE (al que hay que añadir  a los consejeros Bejamín Perdomo, Juan Manual Sosa y Paula Corujo que ya no representan a ningún partido) que parecen inmigrados de la realidad migratoria. Es cierto, que los populares han hecho acto de presencia pidiendo más medidas de control y vigilancia con voces ajenas a la ínsula, como si la película de aquí necesitara narrador peninsular para ser más creíble (los populares que gobiernan aquí no han dicho  nada pese a que acumulamos 8  fallecidos en nuestras costas en lo que llevamos de año), y en el bando socialista se recuerda que tiene que haber solidaridad entre comunidades esperando que el muerto lo cargue otro.  En este caso se alude a la solidaridad (recuerden los términos léxicos de la misma para entender que la respuesta dada por el resto de CCAA no es en terminología solidaria, porque no es completa, es decir, cada una tiene sus ratios y no todas acceden al llamamiento canario) .

Hace unos días una consejera del Cabildo daba en el clavo con respecto a la situación que se vive en Lanzarote relativa a  la llegada de pateras. Argumentó que la isla tiene una capacidad de carga, no sólo turística, sino también residencial. Lanzarote está cerca de superar el 50 por ciento de población foránea, aspecto que es digno de análisis (y que obviamente no ha sido por la llegada de inmigración por mar), pero volviendo al tema,  a lo que se refería la mandataria política está relacionado con otra circunstancia y es la capacidad asistencial y social limitada que tenemos. La paradoja para la isla, que no tiene realmente capacidad para dar cobertura a los que vienen de fuera con necesidades básicas,  es que políticamente  se presenta como un lugar de acogida, mientras no se acaba de encontrar la ubicación idónea para los nuevos radares que mejoren el SIVE. Por supuesto, tampoco se han puesto a diseñar una estrategia con Europa para que se fortalezca el papel del Frontex en Canarias . 

Decía que el colchón social de Lanzarote es limitado como su territorio y que si los partidos políticos que la gobiernan no ven ese hándicap, y siguen aislados del efecto migratorio constante, manteniendo el problema en barbecho, serán condescendientes con el aumento de la necesidad social ( traducida en los guetos, la delincuencia, la ocupación  y la desestructuración social de muchos barrios) . 

En lo que llevamos de año han llegado más de medio centenar de pateras a Lanzarote, una realidad migratoria obvia que llega a pie de playa, que ya tiene una sección en la escaleta de los informativos nacionales, o que simplemente se observa desde algunas terrazas del centro de Arrecife, así que la pregunta humanitaria es; por cuánto tiempo más van a seguir obviando con su silencio la realidad que ya nos golpea en toda la cara. 

Publicado enUncategorized