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Viendo las ruedas girar y girar

Aunque pueda resultarle de viejuno y un pelín toc, suelo conectar esta canción cuando procedo a leer la prensa local. Acostumbra a pasarme, ya leídas unas buenas cuantas noticias, que me veo musitando “gira la rueda, y vuelve a girar…para acabar en el mismo sitio”.

El efecto en la rueda es el que corresponde, sin embargo, refiriéndonos a Lanzarote y a las noticias “guadiana” resulta particularmente deprimente, aunque no debería sorprendernos en absoluto. Noticia guadiana es aquella que tan pronto viene y ocupa titulares, tan pronto cae en el olvido, para dos o tres años después volver a ocupar cuatro columnas, y vuelta a caer en el olvido. Y el asunto en cuestión, la demanda, la necesidad imperiosa, tal cual estaba, las camas sin hacer.

¿A qué obedece esta situación? ¿Nos han lanzado un hechizo? ¿Mala suerte?

Multitud de factores, pero vamos a detenernos en uno, que a mí particularmente me parece crucial. Para resolver esos problemas de las noticias guadianas, miren ustedes por dónde, hay que meterse en problemas, y de un tiempo a esta parte, esa actitud relatada al inicio de este post, “viendo las ruedas girar”, es la que asume la llamada clase política insular.

¿Qué se destila?

En gestionar rutinas, en ir apagando fuegos a medida que se te vayan presentando, y cruzar los dedos para que la quietud gobierne tus días de gobierno.

¿Para qué mover las cosas? ¿Para qué promover un plan nuevo? ¿Para qué intentar algo que posibilite una mejora general de las condiciones de vida de la gente de esta isla si a la mínima te pueden generar una bronca demagógica y populista de Padre y señor mío?

Se destila el no meterse en follones, en evitar los lógicos quebraderos de cabeza que pudiera genera un cambio profundo en cualquier temática de Lanzarote.

Sigo con atención las quejas razonadas de los vecinos del Charco de San Ginés con respecto a lo que ocurre en la zona cuando los restaurantes cierran: descontrol absoluto, ruidos, malos olores, incivismo…nada diferente a otras latitudes, e igual de denunciable.

Además de lo evidente en lo que coindicimos todos, los vecinos añaden a sus quejas, también expuestas de manera impecable, que igual algún tipo de línea de negocio hostelero no pega en el Charco de San Ginés y en este matiz el Teniente Alcalde de Arrecife y Concejal de Policía, Alfredo Mendoza, les acompaña en la apreciación:

… sí es cierto que de un tiempo a esta parte a lo mejor los negocios han derivado un poco a lo que no debe ser y ofrecer el Charco de San Ginés”

Alfredo Mendoza, La Voz de Lanzarote (declaraciones)

Pudiendo coincidir, que coincido, tanto con los vecinos como con Mendoza, ellos y Mendoza tendrá que coincidir conmigo en que debe existir un marco que regule los usos del Charco antes de exclamar a los cuatro vientos que un bar de copas abra en tiempo y forma, es decir, con todos sus papeles en regla, y se dedique a servirlas. Que nosotros lo lamentemos vale exactamente igual a sostener que la tierra es plana.

Ante esta situación, como es obvio, nuestro Teniente Alcalde tiene una manguera en las manos para ir apagando el fuego. Una ordenanza del litoral de Arrecife que, no hay porqué dudarlo, protegerá la actividad que se desarrolla en el Charco y permitirá aplicar “medidas más restrictivas con respecto a los locales”, cuando esté aprobada definitivamente.  Traducido, “están en ello”.

No hay que salir del periódico, La Voz de Lanzarote, para comprobar que esa ordenanza que sugiere Mendoza es algo así como una aspirina en comparación a un Plan Especial ambicioso que resalte como merece el Charco de San Ginés y el llamado Centro Histórico de Arrecife.

Decía el periódico el 28 de Abril de 2011 (2011!!!). Ojito al subtítulo, “lo tendrá que aprobar en pleno el gobierno que surja tras el 22M”:

LO TENDRÁ QUE APROBAR EN PLENO EL GOBIERNO QUE SURJA TRAS EL 22-M

Gesplan entrega al Ayuntamiento de Arrecife el Plan Especial de Ordenación del centro histórico y del Charco de San Ginés

“El Plan Especial resolvería los impactos ambientales que contribuyen “a la desvalorización de la imagen del Casco Histórico y Charco de San Ginés, además de conservar y mejorar los recursos naturales del Charco de San Ginés, considerando el paisaje del entorno como un activo a proteger”. ¿Se imaginan que con el Plan Especial aprobado nos pudiéramos estar bañándonos en una Ribera recuperada sin temor a que nos saliera un tercer ojo en la frente?

Y entre otras muchas cosas, el Plan Especial, recordemos, entregado al Ayuntamiento en Abril de 2011, haría posible la compatibilización de “las actividades comerciales, recreativas y de ocio compatibles con la preservación del carácter tradicional del Charco de San Ginés, junto a la propiciación de hitos arquitectónicos y artísticos de referencia, y a la potenciación de la identidad marinera del Centro Histórico y Charco de San Ginés en el contexto insular como núcleo cultural y turístico, son otros de los aspectos que regula este plan, según el Ayuntamiento capitalino”. Es decir, exactamente lo mismo pero sin tanta pomposidad a lo que están diciendo hoy, Julio de 2021, los vecinos del Charco de San Ginés. 10 años y tres mesitos después da grima comprobar que el dichoso Plan ese Especial ni está aprobado, ni se espera su aprobación.

¿Y eso? ¿Por qué algo que es tan deliciosamente bueno no se aprueba definitivamente?

Porque aprobar ese Plan Especial del Charco de San Ginés acarrea problemas. Pongamos por caso, por poner un ejemplo nimio, que ese Plan dibujase la eliminación de todos los aparcamientos de la Calle Jacinto Borges y se transformara esa vía en peatonal.

Los mismos que hoy, con toda razón, claman al cielo por la deriva del Charco armarían un pitote de consideración porque les quiten los aparcamientos, es decir, por un asunto nimio…imaginen el potencial revuelo que se montaría cuando empezase a desarrollarse ese imposible Plan Especial del Charco de San Ginés.

No debería extrañarnos, pues, que Mendoza, Ástrid, Echedey o Leticia pongan el piloto automático y se apliquen en el noble arte de ver las ruedas girar y girar, rezando por tener que apagar los mínimos fuegos posibles, y virgencita, virgencita, sacamos esta “ordenancita” y que me quede como estoy.

Esta isla nuestra, en fin, no está para Planes Especiales, ni para latas de ningún tipo.

Está para lo que está, para mirar las ruedas girar y girar.

Watching the Wheels, vaya temazo.

Publicado enUncategorized