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Con faldas y a lo loco

Comento errores varios al inicio de este artículo: estoy escuchando una canción que se titula “Because you move me” en Youtube, y cuando se termina el tema me deriva a un anuncio de candidiasis vaginal (What?), pero mi “yo curioso” sigue escuchando y analizando el contenido publicitario y la letra de la canción. Sinceramente, es imposible una relación entre la lírica tan insulsa y repetitiva con un marketing tan directo y concreto. Salvo que la Inteligencia Artificial haya rastreado que la mayoría de las escuchantas de la canción son mujeres y de ahí el supuesto anzuelo publicitario (introducido, por cierto, con muy poco gusto).

A todo esto acabo de terminar una serie de HBO que se titula “Podría destruirte”, que me ha dejado entre “Pinto y Valdemoro”. Entiendo al verla, sin contrastar mi opinión con otras mujeres, que la serie quiere exponer cómo el abuso sexual está al oden del día. Y a la vez, nos muestra cómo quienes han sido víctimas de ellos son personajes perdidos y anodinos que se mueven en situaciones extremas. Es más, la actriz principal parece no sólo perdida en sus cábalas, sino literalmente fumada y drogada. Los guionitas se preocupan mucho por mostrar un perfil de persona irresponsable, vividora y a la vez vulnerable. Esto me hace preguntarme: ¿estamos haciendo leyes generalistas partiendo del vértice de quienes ni siquiera las entienden ni las respetan? ¿Estamos construyendo desde la minoría más extrema o menos normal? O ¿La mujer realmente se siente tan ofendida y despreciada en su rutina que acaba extremándose para que no la hieran?

Un breve inciso, uno de los padres del grafismo y de la tipografía moderna llamado Theo Van Doesburg estiraba los vétices de sus fuentes tipográficas para ajustar la letra a la caja cuadrada que definía la vanguardia dominante. ¿Es trampa? ¿O es adaptación? Hoy en día se pueden desvirtuar los vértices o los extremos argumentativos para cumplir con la corriente feminista en boga, aunque no sea lo adecuado, ni lo real. ¿Patriarcado? ¡Si la mayoría de mi generación viene educándose en el matriarcado! Son ellas las que han impuesto la doctrina doméstica y con ello los roles de mujer en la proximidad de la convivencia.

Volviendo al tema, supuestamente la serie muestra un retrato robot de los “millenians” y de un “Carpe Diem” desrtructivo y sin sustancia que particularmente me lleva al shock. Pero, suponiendo que sea real, y teniendo en cuenta a tantos jóvenes que sólo recuerdan vivir en crisis económica y existencial, esta serie es otra adventencia seria de cómo se gesta una ruptura social derivada del desencanto emocional. El problema real es cuando ese desencanto, esa desgana, esa apatía se convierte en una falta de respeto a casi todo (incluyendo la vida y de ahí los que se inmolan por la causa o acaban disparando a sus propios compañeros de instituto). Esto no tiene nada que ver con el feminismo, sino con otros disloques psico-sociales.

A muchos de esos jóvenes se les ha dado la posibilidad de aprender en las escuelas a cómo se pone un condón, a cómo respetar al diverso, pero aún queda camino para que acaben respetando a la mujer que tienen “face to face”. Y a ellas se les ha dado la posibilidad de tener una píldora del día depués y con ello a no preocuparse de si sus alas quedan pringadas del chapapote ajeno. Es un grandísimo avance, pero se frivoliza. En conclusión, estas libertades no están ayudando en la tarea de respetarnos mutuamente.

Después de esta oxigenación en derechos, lo cierto es que las cifras de violencia de género siguen al alza, los abusos sexuales disparados, el miedo a volver a casa sola inherente, y por otro lado, las series que muestran mujeres masturbándose como señal de libertad se incrementan, a la par que se hacen populares las que narran secuestros o violaciones de ellas. Ergo: nos sobra teoría y nos hace falta pedagogía prática en la no violencia con el prójimo.

El socialismo utópico lleva más de un siglo impermeabilizando todo nuestro ecosistema, teorizando sobre el futuro y el progreso, pero el presente más inmediato nos habla de la lacra de morir por ser mujer. Por tanto, no basta con coger el limón de la causa y exprimirlo, hay que ajustarse a todos los aderezos presentes, aunque no nos gusten y hacer viable el sentido de la libertad de la mujer más allá de los teoremas, porque la realidad nos posiciona en el plano de la desazón: existen las mujeres machistas. Y por eso igual habría que empezar a reconocer que quienes nos educaron, en su buena voluntad, ejemplificaron las desigualdades. Ante un padre generalmente ausente, porque tenía que sustentar a la familia y a veces verse pluriempleado, se posicionaba una mujer cuidadora, sin estudios o limitada laboralmente, que marcaba su territorio doméstico con la autoestima tocada. Quien realmente tenía el poder económico era él, pero quien organizaba la casa y la estructura familiar era ella. ¿Esas mujeres dedicadas en cuerpo y alma a su familia qué piensan del feminismo actual? ¿Están para recibir lecciones con respecto a que fueron laxas o cómplices en los micromachismos actuales?

Se puede ser el ideólogo (el socialismo tiende a ello por costumbre), pero lo que cuenta es la idea que se expande desde el mercado al taxista , desde la escuela a la iglesia y que acaba impermiabilizando todo los estratos. ¿Por qué no aceptar otros puntos de vista con respecto al sentir de una mujer? ¿Por qué no escuchar a la generación que nos alumbró y que aún dependiendo de un hombre se sienten realizadas y orgullosas de su papel? ¿Cómo se legislan los sentimientos o las casuísticas íntimas? Lo importante siempre es que las personas nos sintamos libres en la acción o en la omisión y no enjuiciadas.

Que no se me malinterprete, la protección a la mujer ante el asesinato doméstico es necesaria, igual que lo es ante el abuso sexual sibilino, pero abordar el campo de la sexualidad en nuestro día a día, requiere por de pronto, de mucha más pedagogía de la que claramente reciben esos jóvenes que consumen porno entre los 9 y 13 años y creen que todo lo que ven es la única manera de llegar a un orgasmo. Muchos padres les han permitido a esos niños tener las herramientas para llegar a esa realidad sexual virtual. Y muchas madres siguen justificando a sus hijos en comportamientos agresivos y despreciables, porque ellos son cariñosos con ellas.

Quitarse un condón en medio de un acto sexual sin advertirlo a la otra persona es una agresión sexual. Muchas madres no lo saben. Pero no sentirse satisfecha durante el acto sexual o en la vida en pareja no es ningún delito y esta realidad muchas madres sí lo saben. ¿Qué hacemos con esas que se protegen a sí mismas defendiendo su manera de educarnos, aunque sepamos que no han sido mujeres en plenitud? ¿Qué adoctrianamiento feminista les ofrecemos a esas mujeres que nos han dedicado su vida y que saben que no hubieran podido realizarse en su maternidad sin la ayuda de un hombre?

En esta serie de HBO la resolución de la protagonista violada es tomarse la justicia por su cuenta, utilizando la violencia y el sometimiento hacia su agresor. Es decir, pensando que una agresión se cura con otra agresón. ¿Ese comportamiento está cerca de la justicia o de la venganza? ¿Dónde queda la convivencia si entramos a pelear hombre contra mujeres por nuestro espacio común? Indagar en lo que nos une es la respuesta. Es algo simple, el respeto requiere de flexibilidad y de cesiones para que se convierta en respeto real y constructivo. En mi casa tuve esa lección. Fueron ambos quienes me la dieron.

016 Teléfono de ayuda a los malos tratos

Publicado enUncategorized