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El voto contra el EGO

El PSOE se ha hundido en Madrid. Lo siento mucho por su candidato, porque es una persona que no se merece ser recordada por este resbalón, pero el pobre hombre, llevaba toda la campaña enfangado en un cometido que claramente le desorientaba.

Su descomposición contextual y estratégica ha ido a más según pasaban los días de campaña hasta el punto de presentarse como un caballito blanco ante el mismísimo Pablo Iglesias. ¿Estaba cediendo los caballos, los arqueros,  la fortaleza, y la corona al insaciente jinete negro de la nueva izquierda? ¿Qué desesperación lleva a un candidato antes de que concluya la campaña a reconocerse tan débil como para expresar públicamente su soledad ante la contienda? La explicación a esta mano tendida al adversario político es un síntoma de decadencia grupal: el ejército socialista no está unido o no es tan numeroso como algunos lo venden (Tezanos entre esos arqueros). 

Pueden ponernos en antecedentes estratégicos parecidos a lo ocurrido con el PSOE en Madrid algunas series de televisión (“Vikingos”, “Juego de Tronos”, “Last Kingdom”):  mientras el Rey sigue acorazado en su nueva corte, los ejércitos tienen que jugarse el tipo sin recursos ( en estas lides políticas hay que referirse a la falta de  estrategias pensadas para cada campo de batalla) sin saber qué posicionamiento defender con ahínco y esmero, porque todo es tan líquido y fluctuante como el capricho de quien manda.

También es cierto que el que manda necesita de apoyos tan dispares, tan contradictorios, tan aprovechados y tan poco dignificantes que hasta parece justificado que acabe perdiendo el rumbo de su propio propósito. Ahora bien, Manolete, no hay política inocente, así que quien sólo suma milicianos para causas concretas ya debe saber que le van a cobrar el peaje. 

Moribunda la ideología lo que se defiende es el espacio, pero muchos (entre ellos espero que el propio Ángel Gabilondo) han comprendido que ese lugar ocupado es temporal si no ha habido previamente una política de consolidación de un proyecto global que está pensado para no supeditarse a un solo hombre.

El PSOE es mucho más que el actual presidente del Gobierno y sus líneas de flotación. Es una marca histórica que ha superado las personalidades más ambiciosas y cualificadas dentro de su propia casa para dar paso a la renovación, que ha ayudado a estructurar los movimientos sociales más eficaces, vanguardistas y oportunos y que ha luchado por desenterrar a los asesinados por la libertad de expresión y pensamiento. 

Pero una cosa es la estructura y el background histórico y otra cosa son los experimentos y el cinismo que representa hoy  al PSOE-Sanchista. Ideología y valores se han subastado al mejor resultado encuestador. El problema de ser un producto del BIg-Data es que acabas siendo un propio producto de las cifras (hipotéticas y especulativas). Resultas tan moldeable que cuando te quieres dar cuenta, esa política tan numérica y a la vez tan aleatoria, te baja al sótano y no hay quien te recoja. Cierto es que en todo ese recorrido en “V” te has podido coronar. Primero convenciendo a tu Corte, aprovechando una coyuntura social de mucho hartazgo que reclamaba cambios necesarios (pero no a cualquier precio), y has podido jugar con el poder como si fuera tu partida de damas. Sin embargo, no hay peor poder que el que resulta hueco. ¿Por qué? Porque un solo hombre no construye ni un partido, ni una batalla, ni una guerra. 

Por cierto, después de los resultados en Madrid, podemos respirar tranquilos, porque la ultraderecha no es una amenaza. Es más, tendrá que coger nota y moderarse. La lectura de estas elecciones autonómicas, convertidas por interés mediático y político en unas generales,  es esa: más centro, más mayorías suficientes para hacer y no para deshacer, y fuera oportunismo y apropiacionismo de quienes aparecen en política con cantos de sirena. Las religiones son creencias, no gobernanzas, igual que los forofismos son creencias, pero no racionalidad . 

Puede ocurrir en Lanzarote que también hayamos estado mandados por pactos que no han respetado las mayorías numéricas que han determinado las urnas, y que se hayan suscritos pactos demasiado personalistas sin atender a las ideologías, pero lo que ha ocurrido en Madrid no deja de ser una advertencia: en estos tiempos tan “raros”, la ideología no se mercantiliza por estar un ratito en el poder. Los que poseen ideas y valores no pueden estar a merced de tan poco recorrido. Es más, yo diría que lo usurpan en un gesto tan democrático como despreciativo: un voto también es una verdad restregada en las narices de quien solo huele su propio ego.

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Publicado enUncategorized