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Sin género de duda, no es país para jovenes

En la conversación que mantuvo hace unos días Iñaki Gabilondo con El País reflexionando sobre los motivos de su retirada de la primera línea, el periodista dijo esto: “También me sorprende muchísimo que esta sea la primera generación que pide explicaciones a las anteriores. Dicen: “Vaya mierda de democracia que nos dejasteis”. Nosotros nunca dijimos a nuestros padres que nos habían dejado un país de mierda. Y estábamos en una dictadura”.

Gabilondo se adorna para dar un titular redondo, aunque sea inexacto. Ni mucho menos es la primera generación que pide explicaciones a la anterior, ni será la última a la que le parezca, y lo diga con toda claridad, una basura de sociedad la que nos dejan nuestros mayores.

Matar al padre es la figura, una práctica, en fin, tan extendida y tan repetida de manera cíclica. Desde los años del Flower Power, Mayo del 68, y sus derivadas, cada 10-15 años, resumidas en ese Otro Mundo es Posible, resolviendo el mundo y sus complejidades con suma facilidad. Simplemente, basta con abrir la boca.

En todas aquellas ocasiones la muchachada siempre plegó velas y dejaba al mundo adulto gestionando la realidad marcando el camino. Ya saben, cuando toca arremangarse, ¿quiénes se iban a arremangar? ¿Acaso los adolescentes?

El periodista donostiarra habría acertado manifestando “es la primera generación…que no se repliega y consigue llevar sus proclamas, por muy populistas que sean, al centro de la conversación pública”. Porque esa es la única diferencia entre aquellos jóvenes como Gabilondo del final de la Dictadura y los actuales. ¿Quién vería a Iñaki en aquella España completamente arrinconada, olvidada del mundo tras casi cuarenta años de grisura, manejando redes sociales e instalando sus soluciones de todo a 1 euro en plena transición? ¿Hubiera sido tan modélica? De haber contado con las mismas herramientas para asaltar la conversación serena y racional, ¿se hubieran comportado aquellos jóvenes tan responsablemente, cuando le dieron el ok al pacto que posibilitó nuestra mejor obra política, y evitar así que no saltara todo por los aires reclamando a sus padres “vaya mierda de país más gris y meapilas que nos habéis dejado”?

Nuestra generación ha asistido sin esfuerzo a las más altas cotas de bienestar y a una revolución tecnológica y sociológica sin precedentes. Da la sensación (errónea) de que todo está resuelto, y lo mejor a lo que uno puede dedicar el tiempo es a planificar su dosis diaria de hedonismo.

Sin duda, darle culto al cuerpo, al alma y a la mente siempre resultará más sano que emplearse en lo de “matar al padre” y descargar la mala milk cancelando el viejo mundo y las idiosincracias de aquella sociedad sin ni siquiera haber vivido aquellas desigualdades.

Ocurre con el uso del lenguaje. Siglos y siglos con la mujer arrinconada en su rol dentro de la sociedad influyen en el lenguaje. Y el nuevo lenguaje, con la mujer libre e igual, será transformado por el uso y la costumbre de, por ejemplo, ver a una médica o una bombera o, a la inversa, un camarero de piso o un cuidador.

Lejos de entender el proceso, nuestra generación inventa un surtido de agravios para intentar corregir la historia, que ya pasó, en lugar de gestionar la realidad de lo que está ocurriendo hoy. Nada bueno puede esperarse de esas etiquetas simplificadoras “heteropatriarcado”, “culpa de los hombres” o, de lo que es peor, del destrozo del lenguaje. Ni un argumento, ni una propuesta racional y razonada que invite a acelerar el uso del lenguaje para que todo el mundo se vea representado sin tirarle los trastos a la cabeza a nadie.

¿Qué se puede esperar de nosotros cuando tiene que venir Mick Jagger a ponerse tozudo y rocanrolear que esto de ver coartada sus libertades por la pandemia le toca los bajos?

Desde luego, ya uno no puede retirarse a Las Vegas y ejercer de dinosaurio. Disculpa Mick, pero ya no son los viejos como aquel Tommy Lee Jones los inadaptados al mundo, sino al revés. No es país, ni mundo, para los jóvenes. Viendo a Jagger, Arcadi Espada decía “Eazy Sleazy confirma a la navaja lo que ya sospechábamos: de esta (la crisis mundial que vivimos) solo nos sacan los viejos. Porque la posibilidad de que lo haga la atorrante bandada de adolescentes llorona take it easy es del 0,00001%, incluso por debajo del trombo de Janssen”. Así que dale, Mick, ponte a cantar con tus 80.

Pues bien, situado el tema, tengo que decirles que no esperen de la muchachada de mi generación avances razonables en el tema que sea. Con lo del lenguaje inclusivo, al que nos referíamos con anterioridad, ha tenido que arremangarse Doña Inés Rojas, ex presidenta del Cabildo de Lanzarote, para poner los puntos sobre las íes firmando una delicia de libro, “Sin género de duda”.

Doña Inés va construyendo una proposición razonada para usar la palabra de forma más real y, así, “seguir dando alas a todas las personas que lean, y que todas esas personas se sientan reflejadas…”. La autora consigue que empaticemos con su propósito, porque lo expone de tal forma que invita a esmerarnos y así acelerar la adaptación del lenguaje a la sociedad actual.

El libro, además, resulta ligero de equipaje y se puede apurar hasta sus espinas porque no le sobra nada, y está especialmente dirigido al profesorado y a los que trabajan con la palabra, principalmente el gremio periodístico. Aunque le vendría bien a cualquiera, sobre todo a cabezones… y cabezonas también.

De todo lo apuntado, no sorprende que Doña Inés haya escrito tan bien. Sino que además no haya necesitado derramar ni una palabra de victimismo en su texto, ni en su emotiva introducción en donde se describe que ella se vio en situación de desigualdad durante su niñez en el jable de Soo.

A quien comprende su tiempo, de dónde viene y a dónde va, ni falta que le hace “matar al padre”. A quien está en paz, le basta con arremangarse, usar la cabeza y proponer para sumar y mejorar.

Si esperan por nosotros para ilustrar a la sociedad, van a desesperar. Estoy por tatuarme esta cita “…la posibilidad de que lo haga la atorrante bandada de adolescentes llorona take it easy es del 0,00001%”. Así que, como mínimo, hay que agradecerle el esfuerzo a Doña Inés. Gracias y me quito el sombrero.

“Sin género de duda” está a la venta en Arrecife, en las librerías El Puente, Fajardo, Diama, Lanzarote y Books & Papers. En San Bartolomé en Juncar, y en la Librería de Tinajo. Disfrutarán de su lectura, no me cabe duda.

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