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¿Qué coño de mujer me dices que soy?

Ya lo dijo alguien muy avispado que tenía que proteger “el cortijo”: solo hay una marca y lo demás son copias. Tenemos ejemplos muy notables de este “proteccionismo de la marca”, por ejemplo, el de John Harvey Kellogg que popularizó el termino “corn flakes”, pero que nunca consiguió que su idea (tras darse cuenta de que podía comercializar maíz sin necesidad de cocción) fuera patentada con el nombre que decidió dar a su descubrimiento. Los tribunales decidieron que el término (maíz) era demasiado genérico para que lo ostentara un sólo hombre.

Es curiosa esta relación entre lo que uno inventa y lo que otros en el apropiacionismo consiguen rentar haciendo creer que son ideas propias. Posiblemente, de tanto deformar el vector inicial hayan creído que todo parte de ellos, pero no es cierto. Son solo chupópteros de las ideas de otros que, incluso, para hacerlas propias deforman con nuevas nomenclaturas o terminología: “la mujer no nace, sino que se hace” (termino “trans-queer”), heteropatriarcal o cisgénero.

Por supuesto, que todos tienen su derecho a ser representados, pero no deformando el punto de partida que es tan simple y tan común a todos como la verdadera igualdad entre las personas. Primero el mérito y luego las medallas.

Esta idea de usurpación de conceptos o de estrategias, sin que se tenga el mínimo decoro en señalar el origen de las mismas, es lo que hace que ciertas políticas sean tan despreciables. Quienes pusieron el foco en la desigualdad de género durante décadas de incomprensión social y política ha sido la izquierda socialista. Predicaron en el desierto.

Por eso, cuando existe una constricción entre las feministas socialistas y las podemistas, es necesario el background. Y por supuesto, es necesario, saber que hay un partido recién llegado que ha entendido que ante todo hay espacio de “voto” que intenta colonizar a machetazos, sin ningún respeto a “la causa” y por tanto sin visión de interés común. Hay que reconocerles el mérito de darse cuenta de que efectivamente, existe un mercado del “voto feminista”. Pero no debe ser devaluado por el interés especulativo electoral. La CAUSA merece unidad y más respeto. A costa de la mujer no puede haber un ‘Juego de tronos’. ¿somos las mujeres una propiedad política? Por supuesto que no. Pero, hay que reconocer que nuestras libertades no surgen por el deseo intrínseco de la igualdad, sino por una lucha constante, en el terreno político, y especialmente en el doméstico (término que conlleva gobernar de felpudo para dentro).

Por eso, cuando se pone en valor el matriarcado se habla, por parte de quienes pusieron en valor el término, de años de esfuerzo por hacer que la siguiente generación “femenina” aumentara sus posibilidades de éxito y sus libertades. Simplemente valorar la oportunidad, que muchas ‘amas de casa’ hicieron posible, para que sus hijas fueran más libres que ellas mismas, merece respeto y mesura.

Lo que resulta insultante es que se pretenda llegar a la cúspide de la montaña ‘del género’, enarbolar una bandera (desconocida para el grueso social como la transgénero) y olvidarse de los serpas que te han ayudado a encumbrarte. A esas maneras de hacer política en mi tierra se las define con una palabra: trepas.

Lo veo simple, porque he tenido que ser gregaria (en atletismo) de una mujer, con más capacidad física que yo, pero con necesidad de mi ayuda para llegar a meta con el mejor tiempo clasificatorio. Me siento útil en ese papel de haber sido su liebre. Siendo competitiva entendí que ella era quien tenía más opciones de éxito. Olvidar la responsabilidad de equipo hubiera sido catastrófico. Sin embargo, ayudando a mi compañera en su objetivo, yo mejoré mi propia marca personal. ¿Está en ese papel Irene Montero con sus compañeras de pacto de gobiernoy al frente del Ministerio de Igualdad?

En 1985 se permitió el aborto, en 2004 se aprobó la Ley de Medidas de Protección Integral contra la violencia de género, en 2005 se aprobó la normativa a favor de las personas homosexuales. Todas estas normas tienen sello socialista, porque partieron de sus iniciativas legislativas.

En el contexto de hechos consumados el PSOE saca pecho. Mientras, Podemos se esfuerza en encontrar la grieta por la que colarse. Parece ser que la ha encontrado en el movimiento “trans”. Es tal su ímpetu y su deseo de notoriedad y voto útil que desoye los informes técnicos y científicos sobre una propuesta de darle entidad a los “trans+intergénero”. No se trata de no atender sus reclamaciones, pero particularmente en esta situación “tan líquida” hace falta mesura, tiempo y consenso. El propio moviento “trans” debería entender el contexto y la casuística (salvo que se quiera sentir instrumentalizado).

Desvestir a un santo para vestir a otro no es la mejor fórmula, y no la es, porque las mujeres siguen desatendidas. Las marchas del 8M o del 25N no reducen la desigualdad en el mercado laboral, ni las muertes ilógicas. Por eso, si Podemos quiere desvirtuar la causa será su problema ético. Igualmente, el PSOE también tiene un problema y es que (como le dijeron al señor “Kellogg’s” ) la igualdad efectiva no es una marca (vinculada a un partido), sino que es un derecho común que no puede quedar en unas pocas manos. Así que superando a los ideólogos y a los apropiacionistas toca decir; ¡No necesitamos protectorado, sino respeto!

Publicado enUncategorized