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¡Yo no soy una cabra en lo alto de una escalera!

Yo lucho por mi vecino. No le conozco de nada, y por su música, no me unen relaciones ociosas, pero nos comunica una pared. Y una pared no es un muro, sino, una superficie que cierra o divide un recinto o que envuelve un espacio. En otras palabras, con mi vecino tengo más espacio físico compartido que con cualquiera de mis amigos.

Sin embargo, es un extraño, y al mismo tiempo es una pieza imprescindible de mi confortabilidad. Así, que claro que me preocupo por mi vecino al que le veo ocioso en la terraza, fumando impaciente, recibiendo llamadas de trabajo que no llegan a concretarse. ¡Hasta nos hemos llegado a despertar con el mismo soniquete de móvil!

Me preocupo por él, porque en estos tiempos que corren, le intuyo débil (carne de cañón, porque es músico). A mí, además de saber que él tiene un seguro en regla cuando la lluvia filtra ambas paredes compartidas, también me importa su tranquilidad, su dignidad, y la continuidad de su profesión. Es más, por avanzar en mi argumentación egoísta, me interesa que le vaya bien porque así no escucho las desmotivaciones contagiosas que a veces externaliza a gritos. ¿Cómo no hacerlo? ¿Cómo no desesperarse?

A él le impiden trabajar, porque siete alcaldes y una presidenta del Cabildo, así lo han determinado. Sus contactos y amigos de Gran Canaria o de Santa Cruz tienen sus “bolos” y sus espacios (nada es igual que antes, pero algo hay). ¿Por qué él no?

Mi vecino se desespera, porque los ahorros no se pueden estirar más, y el problema no es el presente, según le escucho contar en el rellano de la escalera cuando habla por el móvil, sino que muchos de sus contratadores han desaparecido del mapa. La crisis del COVID les ha barrido. ¿Cuánto tiempo le llevará recuperar ese mercado de clientes?

La cuestión es que no entiende, con toda la razón del mundo, que después de un año de pandemia, no se hayan articulado medios para convivirla, porque la mal llamada “normalización” es un placebo, pero hacerla más llevadera económicamente sí es una obligación que no se está asumiendo.

Le oí ayer resumir esta situación de una manera muy visual. Decía que cuando era niño recordaba que a su barrio llegaba un gitano que se ganana el aplauso y algunas monedas sacando una cabra de una furgoneta maltrecha y subiéndola a una escalera, en lo alto de la misma le daba una vuelta de 360 grados, y después la cabra (ella solita) bajaba la escalera.

Concluyó el relato con un: ¡Tócame los huevos! ¿Volvemos a sacar la cabra a pasear por unas monedas?

Pues bien, siete alcaldes y una presidenta del Cabildo han decidido sacar una cabra a pasear y subirla a una escalera, después de haber acordado que en Lanzarote la cultura no sea posible. ¿Es algo que se ajusta a la necesidad real o es un medida de distracción?

Habrá quién se distraiga con la cabra, pero habrá quién eche de menos otras formas de espectáculo, y por supuesto otras formas de gobierno que no conlleven “hacer pagar justos por pecadores”, cuando no hay realmente una razón de peso (porque no se está imponiendo el mismo criterio en niveles de alerta parecidos) para que se sea tan arbitrario en la modulación de medidas anticovid.

No me gusta su música, pero reconozco que es un profesional de la música, porque de ello vive. Se merece un respeto y no ser ninguneado con cuentos, ni dramatizaciones desproporcionadas. No se puede impedir una actividad profesional y económica alegando (como hizo Dolores Corujo) que ella prefería pecar de exceso. No se trata de preferencias arbitrarias, sino de justificar una decisión con argumentos que no se ciñan a los caprichos politicos. Arrancar de raíz la cultura es poner en riesgo un ecosistema que muchos necesitan para vivir y otros para sobrellevar el delirio de una pandemia que hace un año que se hizo protagonista.

Publicado enUncategorized

2 comentarios

  1. Rebeca Rebeca

    Brutal escrito. Gracias por visibilizar esta dura realidad, un sector en crisis no por la pandemia, sino por la desidia de los políticos. La Cultura no interesa a esas instituciones. No tenemos ni circo ni pan.

  2. Ojeda Ojeda

    En el teatro del Soho en Málaga vean Odio de Dani Rovira… Aforo adecuado a las restricciones, se hace.

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