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Sanitarios soldado

Hay una serie conmovedora en términos humanitarios* que es también el antídoto para la memoria cortoplacista que nos hace tan poco agradecidos con quienes nos predecedieron y consumaron las libertades y el estado de bienestar del que gozamos en la actualidad.

La pueden encontrar en HBO y se llama “Hermanos de sangre”. Está ambientada en la Segunda Guerra Mundial y muestra sin ambigüedad la calamidad de una guerra. Pues bien, uno de los capítulos está dedicado al “sanitario” que debe amortiguar las inevitables bajas. Ni tiene recursos suficientes, ni experiencia, ni tiempo para personalizar su cometido, pero como otro soldado instruído, lo hace siguiendo algo más que su instinto de supervivencia (las bombas caen para todos por igual), y es que este tipo de personajes se construyen a partir de lo que en guión cinematográfico se conoce con el nombre de carga dramática. Es decir, nos describe a una persona que vincula su acción a una motivación, en este caso, a una actitud de socorro, de ayuda y empatía que le hace comportarse con heroicidad, aunque para él sea lo razonable.

Esa carga dramática se adereza con varias situaciones psicológicamente traumáticas que no hacen al personaje desfallecer de su objetivo, y que lo convierten en una pieza clave del puzzle. Sin él, la guerra sería más devastadora y cruel. Su papel en el guión es el de un salvador en tierra hostil.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no dudó en utilizar un tono bélico al referirse a la primera ola de la pandemia. Lo hizo a sabiendas de lo que iba a ocurrir en esas trincheras hospitalarias (hoy no voy a detenerme en su falta de responsabilidad política al no tomarse en serio la advertencia que llegaba desde el mes de noviembre de muchos países asiáticos sobre el COVID-19).

Lo importante hoy es referirnos a esa primera línea de batalla, agotada, desmoralizada, temerosa e insuficiente. Nuestros aplausos les impulsaron en momentos críticos, pero no les han servido para cicatrizar las heridas de la primera contienda. Tampoco han tenido tiempo para oxigenarse, porque a muchos les impidieron irse de vacaciones, o les pidieron (más bien exigieron) que hicieran dobles turnos ante la falta de personal. ¡Imagínense la presión, la tensión y el grado de responsabilidad que tuvieron que asumir, estando físicamente desfallecidos!

A día de hoy, aunque se quiera contratar mano de obra (y el contrato está sobre la mesa para quién reúna las cualidades) no hay bolsa de empleo disponible en la medida que se necesita de refuerzo asistencial.

Volviendo a la serie “Hermanos de sangre”, hay un momento del capítulo en cuestión, en el que el “DOC” se ve rodeado de cadávares, de improvisación y de una soledad que le lleva a rezar:

Lord grant that I shall never seek so much to be consoled as to console, to be understood as to understand, or to be loved as to love with all my heart…with all my heart”

(Señor, concede que nunca buscaré tanto ser consolado como consolar, ser entendido como comprender o ser amado como amar con todo mi corazón)

Es precisamente en esta plegaria donde se descomponen los elementos de la Humanidad y la empatía, de la generosidad sobre el individualismo, y de la fuerza de una vocación. ¿Cuántos mensajes hemos podido leer de enfermeros pidiéndonos un autoconfinamiento responsable, alegando estar al límite, a la vez que no abandonan sus puestos de trabajo a sabiendas de que son “vitales”? ¿Hacen lo mismo algunos Policías Locales de Arrecife que llevan meses de baja a sabiendas de que no hay suficientes efectivos para atender un servicio esencial?

“DOC” estaba en el frente, pero los sanitarios además de estar en este contexto día a día tienen que volver a sus “burbujas familiares”. La dualidad de responsabilidad (lo que deben hacer para salvar vidas ajenas, y lo que tienen que hacer para salvaguardar las más queridas) conlleva un esfuerzo psicológico de primer nivel.

Yo no he visto políticos conejeros en estos meses de “colas del hambre” repartiendo alimentos, ni tampoco los he visto ojerosos por buscar alternativas bajo las piedras (como hace el gerente del Hospital José Molina Orosa y su equipo más directo para que el “hospitalito” que tenemos no se colapse). En “Hermanos de sangre” se observa claramente esta diferencia de rango y jerarquía. De hecho, llama la atención que los que están llamados a “jugarse la vida” sean tan complacientes con el mando superior cuando están al límite. Entiendo que son casuísticas del poder.

Por cierto, recapitulando, no nos dijo el líder del Gobierno que estabamos afrontando “una guerra”? ¿Han percibido en la actitud de los cargos públicos que estemos en ella como sí nos han descrito los sanitarios?

En cuanto a lo que nos compete a nosotros como sociedad civil, es aberrante que el mayor ejército ahora a disposición de los sanitarios se olvide tan pronto de lo que les admirábamos y de lo agradecidos que estábamos por su labor. ¿Cuáles han sido las razones de un desapego tan rápido? Si la respuesta es que somos demasiado superficiales, hay que tirar los móviles a la basura, y sentirnos mucho más. En el frente saben muy bien que la cooperación significa salvar la vida.

*Humanitario (RAE): Que tiene como finalidad aliviar los efectos que causan la guerra u otras calamidades en las personas que las padecen.

PD: Gracias a todos los que cuidan del prójimo (no por un nómina o notoriedad, sino por una vocación real de servicio).

Publicado enUncategorized

Un comentario

  1. Cristina Cristina

    Los nacidos en la década posterior a la guerra civil española y de la 2 guerra mundial crecimos con la solidaridad de la pobreza, el desarrollismo que ambas guerra produjeron fue el despertar por necesidad del boom industrial y la necesidad del campo para producir alimentos indispensables para abastecer de los mismos a un pueblo hambriento y paupérrimo. Como consecuencia de lo expuesto, el crecimiento que se produjo fue constante, al igual que los salarios aunque estos de forma más moderada y requiriendo una lucha obrera muy fuerte, está fructificó gracias a la unidad y solidaridad de los trabajadores. A finales del siglo XX , apareció el agotamiento de la industria, especialmente de los sectores que demandaban mayor cantidad de mano de obra, junto con el abandono del campo que produjo la industrialización , y la crisis del petróleo desembocó en un cierre de empresas con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo, aumento del paro y pérdida del poder adquisitivo. Está crisis rompió la unidad y solidaridad de la clase trabajadora, que junto a la precariedad del trabajo y de los salarios , seguimos padeciendo la en estos momentos, la individualización , la perdida de valores y la pandemia( nefasta gestión de la misma), me lleva a pensar en un negro horizonte.

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