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A los perdedores

“Siempre intentaste. Siempre fallaste. No importa. Intenta otra vez. Falla de nuevo. Falla mejor”, Samuel Beckett.

Los ganadores están sobrevalorados. De hecho, salvo que se llamen Rafa Nadal y cuenten con trece Roland Garrós, no son más que perdedores en racha. Hasta Andre Agassi, exnúmero uno del tenis mundial los relativiza en sus aclamadas memorias Open.

El éxito y el fracaso; la victoria y la derrota; caerse y levantarse, se presentan como realidades de una misma moneda en la que ganar, es la excepción, y perder, lo habitual.

De ahí, que si la Champions sabe tan bien es porque el Bayern, y su 2 – 8 al barsa, nos recuerda lo difícil que es lograr la “orejona”; si hubo un Indurain, es porque existieron los Bugno, Chiapucci, Rominger…; si hay un Djokovic o Nadal, es porque también existe un tal Yuichi Sugita en el 100 de la ATP y miles de jugadores que ya lo firmarían.

Hoy arriba, mañana abajo, pues el éxito, casi siempre efímero y relativo, trasciende lo personal, deportivo, empresarial.

Que se lo pregunten a la faraónica Lehman Brothers, con sus seiscientos ochenta mil millones de dólares en activos y quebrada durante la crisis económica financiera de 2008; al Concorde, caído de los cielos a los infiernos; o en el caso español, el desaparecido Banesto de un Mario Conde, Presidente.

O de otras, que en un ejemplo de superación, demostraron que levantarse y perseverar son la clave del aprendizaje, caso de Netflix. Ahora en la cúspide, y que estuvo a punto de cerrar en 2011 cuando llegó a perder casi un millón de abonados, antes de reinventarse y apostar por el streaming. O de Nintendo, ¡qué tiempos los de Mario Bross!, que supo salvar el match point de la compañía Sony cuando lanzó la PlayStation.

Así las cosas, hasta intocables como Steven Spielberg fueron rechazados por la escuela de artes cinematográficas, y Churchill, apartado por su partido durante una década. Sin embargo, ninguno tuvo el mal perder de Trump, “todavía contando votos”, y se repusieron, que de ello se trata.

Porque los fracasos existen, pero son aprendizajes de los que levantarse más sabios, más fuertes, y que afecta a todos; de la misma manera que el éxito siempre tiene fecha de caducidad. Lo sabe la Coca Cola, por eso se anuncia todos los días o WhatsApp, con sus constantes actualizaciones y mejoras para no perder la hegemonía. ¿O alguien piensa que Facebook, Twitter o Instagram son ajenos al riesgo de caer?

Aprovechen los ganadores su momento, pues ni a Usain Bolt le duró toda la vida sus nueve segundos de gloria. Y a la mayoría perdedora, no perdamos la esperanza, pues ya lo decía el “apartado” Churchill: “¿me pregunta que es el éxito? La capacidad de ir de un fracaso a otro fracaso sin perder entusiasmo”. Pues eso, mucho entusiasmo a todos.

Publicado enUncategorized

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