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Que nos paguen…pero que no vengan

El Profesor Wagstaff…siempre “en contra”.

Me viene a la cabeza aquel Profesor Wagstaff, caprichoso y siempre en contra, incapaz de hacerse socio de ningún club que lo aceptara como tal. Wagstaff, puro en mano y charlatán, recuerda a esa contradicción permanente en la que vive el angustiado ciudadano que asiste al festín turístico y que no termina ni de adaptarse ni de asumirlo.

Cuando uno vive en esas circunstancias tiene opción de callarse, pero también la de hacer pucheros de manera permanente. La reacción, ciertamente infantil y enternecedora, deriva en ese “siempre en contra”, aunque se ofrezcan soluciones dispares y distantes. “¿No te gusta A? Venga, pues B”. “Tampoco me gusta…I´m against it!”.

Algunos ejemplos.

“Chacho, mira toda esta gente”.

El hombre, caminito de los 60 años y todavía sin asimilar dónde vive, descubre que unos 50 turistas asaltan la vereda del sendero circular a Montaña Colorada y me envía la foto.

Respondo: “¿Y cuál es el problema? Mejor que estén de sendero en lugar de bebiendo sangría de vino de cartón en su hotel…digo yo. Lo más probable, supongo, es que luego continúen de ruta cultural, unas papitas arrugadas con unos malvasías volcánicos”.

A principios de este siglo la queja era el dichoso todo incluido, y las lágrimas y los mocos giraban en torno al “lo poco que queda en la isla para los hoteleros en exclusiva, ¿y el resto?”. Ocurre que casi 20 años después en Lanzarote hay casi de todo por tierra, mar y aire.

Hoy uno se puede embarcar en un catamarán con destino a Papagayo o La Graciosa, embarcarse en un training camp de piscina, bici y running, o suspenderse en el cielo en un parapente alrededor de, pongamos, el Volcán de la Corona.

Y ahí están, cada vez más turistas, fuera del dichoso hotel.

¿Y entonces?

Ahora que están sintiendo el alisio de la libertad, salitre impregnado en el hocico, y con las botas polvorientas…en contra. Tampoco nos gusta que consuman el terruño. Que son muchos, dicen.

El guardián de las esencias.

Compartes en redes una fotografía de Los Charcones invitando al uso y disfrute de los mismos, y el guardaolas oficial del reino, “esta ola es mía, que no la cojan los foráneos”, dice el racista totufo de la izquierda de La Santa, va y se atreve a escribirte por el camino recto “tío, tampoco cuentes todos nuestros secretos…al final nos van a colonizar todo”.

El limpiador preventivo

De existir la figura, se trata de un Mr. Propper preventivo. Los senderos volcánicos, las veredas en campo abierto por la isla auténtica no deben darse a conocer porque los turistas lo llenan de mierda.

A Mr. Propper le traen si cuidado las evidencias. Unas latas de Tropical, otras de unos Monster, unas bolsas de papas Lays dejadas de la mano de Dios en el salinar de Los Cocoteros…a buen seguro que las compró en el Spar el sr. Smith procedente de York.

¿Y qué decir de la lavadora oxidada que posa sonriente en los alrededores de Las Betancoras (La Santa)? La lavadora la trajo desde Nuremberg el anciano apellidado Hoffman, hospedado, como saben, en La Santa Sport.

¿Tan difícil se nos hace reconocer que somos nosotros mismos, los nativos, los que de forma mayoritaria y abrumadora ensuciamos y descuidamos el territorio?

La turismofobia alcanza límites esperpénticos cuando en la primera línea de cualquier núcleo turístico aparece el jefe del restaurante cantando las mañanas quejándose del turisteo, “solo comen pizzas y hamburguesas”, pero al mismo tiempo mantiene en su carta, en lugar bien visible, el surtido de fast food, jarras y sangrías.

Llorar y cantar durante las mañanas, ya saben, es gratis.

La isla de las mil y una normas

Lanzarote, ejemplo de planificación territorial (comparen la distribución y concentración de los núcleos turísticos con los de…ejem, Tenerife por ejemplo), rica en burocracia de usos de su territorio, es capaz de reclamar valentía a la emprenduría para dar divertimento al turisteo, para al mismo tiempo volverlo loco.

Existe el caso de una empresa ociosa, pongamos que pretendió montar un servicio de excursiones en buggy, y en la misma institución en la que solicitaba los permisos se encontró con un departamento que en Lanzarote “sí se podía ir en buggy” y otro diciéndole que en Lanzarote “no se podía ir en buggy”. Es este quiero ser más papista que el Papa…y no poder, ese guineo caprichoso y contradictorio lo que resulta inexplicable y con un puntito irritante.

¿Cuál será el próximo estadio del desvarío?

Anímense a ponerlo negro sobre blanco. A ver cómo puede conciliarse eso de vivir del turismo de espaldas a las demandas del sector; a ver cómo puede contentarse al personal que nos visita sin poner cara de peo cuando los veamos conociendo la autenticidad de Lanzarote.

Mucho me temo que esa conciliación en este mundo se hace sencillamente imposible.

La única posibilidad es echar un do de pecho, disfrazarnos del Profesor Wagstaff y coger la bandera por donde corresponde, por los cuernos: “Páguennos…pero no vengan”.

Lo cierto es que el eslogan se sale por la banda. Faltan los promotores. Venga, valientes (y valientas, claro), enarbolen la bandera.

Publicado enUncategorized