Saltar al contenido

Herederos del deshacer

El consenso es importante. La falta de él nos coloca en los extremos, los bloqueos y en los revanchismos. Con el cambio de gobierno en el Cabildo insular estamos asistiendo a actitudes tajantes, e incluso trágicas (se habla de devolver la dignidad institucional), ante algunas porciones de la herencia recibida. Especialmente se han puesto en el disparadero dos acciones de la gestión de CC: el Museo Atlántico y la Casa Fajardo. En ambos casos se alega para su “desactivación” que son inversiones deficitarias, que lo son, pero en vez de plantear un nuevo enfoque de las mismas, se opta por dejar de cobrar la entrada en la primera y se estudia el cierre al público de la segunda. La venganza a CC se sirve, por lo tanto, en la bandeja de los recursos públicos.

Loable es que ahora el nuevo grupo de gobierno quiera poner negro sobre blanco en estas inversiones. Hay que ser pulcro con cada céntimo del contribuyente, pero en vez de la oportuna fiscalización, lo que se transmite es un afán de sabotaje a las decisiones anteriores, presentándose como los únicos salvadores posibles del cúmulo de desastres heredados. Esta fórmula en política no es nueva. Muchos son los que toman el relevo y se desmarcan de lo anterior, nunca reconociendo los errores propios (PP y PSOE han sido copartícipes de la herencia recibida) para lo que pulsan sin ningún pudor el botón del reseteo. Les ocurre algo parecido a lo que le pasaba a Diógenes, el cínico, que estaba tras todas las esquinas y en todas las alturas, pero en vez de construir, su papel consistía en deshacer.

Si finalmente los actuales gobernantes de la Primera Corporación insular deciden utilizar la coletilla de la “herencia recibida” para, o bien, paralizar, o bien, para justificar que no hacen, estaremos ante un nuevo fracaso de la cadena política, porque lo que hay que percibir es el todo y no sólo algunos eslabones, ya que los que ahora gobiernan también dejarán su legado. De esta forma, se hace necesario que interioricen el mínimo rincón del universo que están llamados a ocupar (no dejan de ser una minoría gobernante), y de ahí que el consenso sea más necesario que nunca, al tratarse de la fórmula que garantiza que el trabajo anterior no salte por los aires, ni esté supeditado a caprichos y oportunismos.

Lanzarote está llena de esos ejemplos de involución por culpa de muchos gobernantes que decidieron desarticular proyectos, equipos, estructuras preexistentes. Está claro que lo que no funciona debe ser modulado, cambiado o repensado, pero la pregunta es si no existe otra alternativa que arrancar de raíz lo que está ya plantado. ¿Cómo se evita en estos casos no caer en la petulancia?

Resulta chocante, que la directora general de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias, Nona Perera, defensora de la protección del contenido y continente de la Casa Fajardo, siga pensando que es un lugar apropiado para albergar el Museo Arqueológico y no se le haga caso. Los actuales gobernantes tampoco parecen interesados en abrir líneas de cooperación con el Ejecutivo regional para determinar, al menos, la recuperación total del inmueble. En Fuerteventura, despojados de tribulaciones políticas, han logrado implicar al Gobierno canario en cumplir con la Ley de Patrimonio de Canarias en lo relativo a la construcción y divulgación de los museos arqueológicos.

Dejando el tema central a un lado, me viene ahora a la cabeza un estudio de la Escuela de Medicina de Harvard que se prolongó durante 80 años con el objetivo de establecer las claves de la felicidad y la salud. La muestra comenzó en 1938 con estudiantes de la propia Universidad y continuó con sus descendientes. La clave del éxito de esta investigación ha sido precisamente su continuidad en el tiempo. Si los científicos que estuvieron al frente del mismo o los sujetos que fueron objeto de la investigación hubieran abandonado, hoy en día no sabríamos ( de forma tan contrastada) cuáles son las claves de un envejecimiento saludable.

Por lo tanto, uno de las mayores amenazas que nos acechan es que cada nuevo gobierno tome por costumbre quitarle piezas a la maquinaria institucional en vez de optar por engrasarla. Lo cual es un perfecto error, porque abonando así la gestión pública ninguna nueva simiente podrá fructificar.

Publicado enUncategorized