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Go for England!

Creo que se llamaba así, “Marea Rota”. Era un barco que recorría el litoral de Puerto del Carmen, muchos años antes de que todos los barcos pusieran rumbo a Papagayo, sangrías y cervezas mediante.

Saldría del Varadero, hasta arriba de guiris, y enfilaba el muelle chico, Pila de la Barrilla, la Cueva de doña Juana, el muellito del Hotel Fariones y Playa Grande.

Nosotros estábamos en el muellito del hotel, ganduleando, saltando al mar de mil formas, diciendo babiqueadas, una detrás de otra, negros como tizones, y era una de tantas tardes de aquellos veranos que empezaban en San Juan y concluían a finales de septiembre porque en el noveno mes del año se mantenía horario de verano en el cole antes de entrar en el “conciliador” de 9 a 12 del mediodía y de 3 a 5 de la tarde.

Al Marea Rota lo veíamos venir para acabar transitando a unos 20 metros del dique del muellito. “Ahí vienen los putos guiris”, decíamos convencidos. Supongo que fastidiaba que ellos andaran en barco, el típico complejo del “tolete” de Manolo Vieira, que babea por la vida de los otros, “mira el tolete con ese cochazo, mira el tolete con esa rubia, mira el tolete ese con ese reloj”, le decía el padre al niño para acabar preguntándole “niño, ¿tú qué quieres ser de mayor?”, “tolete, papá, quiero ser tolete”. Pero también resulta probable que sobrevolara en el ambiente un ligero tufillo a xenofobia que estaba ahí, como suspendido en el aire, ya saben, “the answer is blowing in the wind”.

El muellito del Hotel Fariones. Fotografía de Ramón Pérez Niz.

Sin embargo, cabe aclarar, 30 años después, que en nada interferían. Allá estaban en su barco, y nosotros a nuestra bola tiznándonos. Ellos dormían en sus hoteles y bebían en sus bares, nuestro era todo el litoral, a cualquier hora, desde el chapuzón mañanero al libre uso de la Pila de la Barrilla para barbacoas de sueños de verano.

Oiga, pues incluso así, que no daban la lata, allá que íbamos al dique a desgañitarnos con un “Go for England!”, muy seguros de nosotros mismos. El alarido racista se acompañaba de una bajada de bañador para mostrar nuestros culos blancos a aquellos guiris a los que se les adivinaba que ya llevaban unos cuantos días en la isla porque presentaban un insano color gamba en sus rostros.

Mientras nos volvíamos a poner el bañador en su sitio y seguíamos gritando “Go for England” con el ceño fruncido, podíamos apreciar que los guiris seguían partidos de risa después del desfile de culos blancos.

Aquellos chinijos enfadados sin saberse muy bien el motivo de esa agitación veraneaban tres meses entre playas, bicis y un contaminado nocturno, liberados de cualquier obligación. Unos años después todos se encaminaron a licenciarse entre Madrid, La Laguna y Las Palmas sin necesidad de mover un dedo para costearse ni la matrícula.

Era el contraste del viejo y nuevo mundo. El de las penurias que abandonaban los padres y que aprovechaban la oportunidad de la apertura de Lanzarote al turisteo, con segundas y terceras residencias (hoy Vacacionales), y el que ofrecían a sus hijos, “todo incluido” y servido en bandeja…”disfruta, mi niño”.

Y que nadie nos diera un buen cogotazo…

Publicado enUncategorized